Yo, la peor del mundo
Nací en el Estado de México, soy hija de una madre soltera y analfabeta, que al ser abandonada por un mal hombre tuvo que hacerse cargo de mi manutención.
Mi abuelo fue buen lector y su biblioteca despertó en mi la afición a la lectura y con el tiempo también de la escritura, en cierta ocasión tuve la osadía de mentarle la madre con unas redondillas a quien me insultó por mi origen “bastardo”, se me recriminó porque eso no era propio de una mujer, pero esa fue precisamente mi intención, demostrar que no era menos que los hombres.
Me interesó el humanismo, el afán de saber, la ciencia, la naturaleza, las humanidades y el progreso, pero sobre todo alcanzar el nivel intelectual de la vanguardia, que en mi tiempo fue Europa.
Adopte como guía intelectual al dálmata Jerónimo de Estridón, por ser muy docto, polémico y lengua suelta, pero sobre todo porque pregonaba creer en la inteligencia de las mujeres y por su afirmación de que las mujeres tienen que hacer cosas más importantes que casarse, promovió nuestro derecho a dedicarnos al estudio y tuvo tanto éxito que se le calificó de subversivo, pero eso mismo ayudó a que las mujeres rebeldes adoptáramos su liderazgo.
A diferencia de la sociedad caduca que no se cansaba de afirmar que una mujer dedicada a la cultura sólo terminaría en vanidad y perdición, Jerónimo creía posible que una mujer fuera letrada.
Me codee con intelectuales, la alta sociedad y los poderes fácticos de mi época, pero obtenía mi salario como escritora, no podía ser de otra manera, sin embargo y derivado de todo esto fui obligada a abandonar mi labor intelectual, me forzaron a deshacerme de mi biblioteca, mis instrumentos musicales y científicos, para ser rematados y ayudar a los pobres.
No soporté tal injusticia, por ello mi última firma en un libro mientras vivía y antes de morir es el título de este artículo, mi nombre completo: Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana.

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