El Exterior
Esta noche fue la primera vez que salí al Exterior.
Al inicio estaba un poco asustada. Nunca antes había estado en el exterior. Lo más cerca era el patio posterior, pero por supuesto no es ni remotamente lo mismo. En casa tenemos un patio muy grande, pero está rodeado por una muralla de árboles, arbustos y enredaderas. Detrás de ellos un muro infranqueable de piedra, que rodea por completo el patio. Muchas veces me pregunté ¿Cómo será el exterior? Deseaba verlo, sin embargo el muro era demasiado alto siquiera para intentarlo.
Mi hermano mayor ha visitado el exterior innumerables ocasiones, me contaba todo lo que veía, sin embargo todo me parecía tenebroso y me asustaba.
Mi madre me ayudó a vestirme, igual que a mi hermano, Mamá dijo que era muy sencillo, sólo una falda y una blusa, después trazó sobre mi rostro algunas líneas con plumones de maquillaje, pinta-caritas.
El bullicio del exterior pronto hizo que me olvidara de mis temores, todos los niños llevaban atavíos diferentes, algunos excelentes. En verdad algunos eran tan maravillosos que me sentí mal no vestir como ellos.
Había fantasmas, esqueletos, vampiros, una lista interminable, tan grande que no puedo recordarlos a todos. Algunos mostraban un aspecto aterrador, pero yo sabía que todo era únicamente una pose.
Lo más divertido era el asunto de los dulces, simplemente tocaba a las puertas y gritaba: ¡Dulces o travesura! Se abría la puerta y los disfraces más aterradores que he visto colocaban dulces dentro de mi calaverita de plástico. Todos los que me daban dulces vestían de manera espantosa, pero eso también era parte de la fiesta.
Mi padre me dijo que no debía comer de inmediato los dulces, sino hasta llegar a casa, afirmaba que existían personas estúpidas que disfrutaban haciendo sufrir a los niños pequeños y llegaban al grado de envenenar los dulces.
Recorrimos toda la colonia, siguiendo el circuito de margaritas, que así se llama la calle principal que nos rodeaba, vi tantas cosas... me cansé, pero en verdad no quería regresar, me hubiera gustado continuar jugando así hasta el amanecer.
Claro que al final regresé con resignación, mi papá desparramó todos los dulces en la mesa del comedor, para examinarlos uno por uno, siempre ha sido un poco exagerado, ¿quién querría hacernos daño a los niños? Él afirmó que casi todos eran buenos, sólo apartó unos cuantos, afirmando que de ese modo se sentía más seguro.
Deseaba comerlos todos, pero mi madre sabiamente comenzó a reír y me aconsejó que comiera sólo alguno de vez en vez, para que así tuviese dulces disponibles por varios días.
Mamá y papá me dejaron estar despierta para comer algunos de los caramelos, después me urgieron ir a la cama, debía dormir y ya estaba amaneciendo, era mucho más tarde de lo acostumbrado.
Ahora estoy en mi cama, trato de dormir, pero aún estoy emocionada por la diversión de esta noche. Cuando mis padres han venido a arroparme les he preguntado por qué no puedo salir con frecuencia al Exterior.
Me responden que aún no tengo la edad suficiente, que quieren protegerme y que no me suceda nada. En verdad no les entiendo, ¿qué podría hacerme daño en el Exterior? Esta noche, mi primera noche en el Exterior, no he visto nada malo, sólo un montón de niños como yo divirtiéndose y riendo sin parar, les he preguntado cuándo podré volver a salir. Se han volteando a mirarse uno al otro, después de un breve silencio me han dicho que quizás el año próximo. Un año es demasiado, en verdad no sé cuanto tiempo es, ni qué tan larga es la espera, menos mal que tengo muchos juguetes.
Mamá y papá se retiraron, mi mamá me ha dado un beso en la frente y mi papá se ha asegurado que mi rabo quedara entre las sábanas, comienza el invierno y no desea que enferme por el frío. Después también me ha dado un beso en la mejilla, además de acariciarme entre los cuernos, se despide afirmando que deseaba que en verdad siempre me divirtiese como ahora. ¡Creo que no podré esperar hasta el próximo año! Mi hermano escapa casi todas las noches y me dice que realiza el mismo recorrido por todo el circuito, desde el antiguo museo Tlatilka, ahora convertido en hospital público veterinario, hasta el río y de regreso, creo que comenzaré a acompañarlo.
(Este relato es parte del libro: Arte fantástica. Teoría y práctica del cuento de fantasía infantil)

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